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el pensamiento es rebeldía, el conocimiento es libertad

domingo, 27 de diciembre de 2015

Presentación de Versus en Rivas

Presentación de Versus 

en La librería Las Hojas,

de Rivas




sábado, 12 de diciembre de 2015

Artículo en Revista Ingenium (UCM)

José Sánchez Tortosa

Artículo en vol. 9, 2015, 
de la Revista Ingenium (UCM),
pp. 151-171

Revista Electrónica de Pensamiento Moderno y Metodología en Historia de la Ideas



Resumen


La historia del judaísmo sefardí desde la Baja Edad Media hasta la Modernidad y sus diatribas contra el cristianismo, que pretende ser su resolución teológica y que, por tanto, lo considera momento abolido, indica la dirección de las corrientes de pensamiento, teológico, filosófico y aun político, que cristalizarán en el propio devenir del judaísmo moderno y en escuelas filosóficas que constituyen caldo de cultivo para un materialismo cuya culminación sistemática más acabada es la obra del judío sefardí de Ámsterdam Benedictus de Espinosa.






lunes, 30 de noviembre de 2015

Teledemocracia de tertulianos. Artículo en Periodista Digital

Esbozo de una reconstrucción genealógica del término democracia



Para depurar el concepto de democracia de las confusiones que se le han quedado adheridas por la apropiación retórica, nominal e institucional que distintas ideologías han hecho de él, es preciso recordar que el término demokratía, que queda registrado por vez primera en el libro III de la Historia de Heródoto (80, 6), no remite, al menos en su origen, a un supuesto gobierno del “pueblo”, a diferencia de lo que parece sostener Mosterín con algo de ligereza en el empleo del vocablo en cuestión: “La asamblea no era la representación del pueblo, sino el pueblo mismo” (Jesús MOSTERÍN, La Hélade, Madrid, Alianza Editorial, 2006, pág. 137). La noción de pueblo, henchida de inflación metafísica, es forjada, más bien, en la modernidad, al menos en su versión políticamente más reivindicada, y adquiere influencia histórica en el contexto de las revoluciones burguesas. Se antoja razonable admitir que tal identificación Asamblea-Pueblo tiene que ver con los límites demográficos de la Atenas del s V a. C. Pero por muy amplio que fuera el número de ciudadanos atenienses con poder de decisión política, asimilarlos atributivamente sin más con esa entidad que se eleva metafísicamente inalterable por encima de los sujetos operatorios concretos inmersos en procesos complejos y conflictivos muy heterogéneos, resulta excesivo. Si bien demos tiene el sentido originario de muchedumbre o masa de gente, el compuesto demokratía parece proceder de las demos, resultado de la transformación de las tribus, fratrías, clanes y familias en nuevas circunscripciones administrativas que no tienen ya en cuenta la sangre o la posición económica, llevada a cabo por Clístenes: 
“[Clístenes] Dividió también el país por demos, en treinta partes, diez de los alrededores de la ciudad, diez de la costa y diez del interior, y dando a éstas el nombre de tritís, sacó a la suerte tres para cada tribu, con el fin de que cada una participase de todas las regiones. E hizo conciudadanos de demo a los que habitaban en cada uno, para que no quedaran en evidencia los nuevos ciudadanos al llevar el nombre de la familia, sino que llevase el nombre de los demos.” (ARISTÓTELES, Constitución de los atenienses, Madrid, Gredos, 1984, 21, 4.)
El antecedente del sustantivo demokratía parece ser la forma verbal, que ya aparece en Esquilo (Las Suplicantes, 700): 
“La palabra demokratia no aparece [en Las Suplicantes, de Esquilo], pero una y otra vez el hecho de que “el demos gobierna” (demos kratei) es acentuado. Esto muestra que la palabra, indefinida y significativa, estaba ya, de hecho, en uso por entonces. La isonomia de Clístenes había perdido su significado pseudo constitucional y la democracia había recibido su nombre eterno.” (V. EHRENBERG, From Solon to Socrates, London, Routledge, 2002, VI, pág. 209 y ss. La traducción es nuestra.)
Resulta sintomático el desplazamiento del vocablo técnico que designa la ficción de la igualdad ante la ley (isonomía), definida siempre en función de algún parámetro que le dé contenido, frente a esa igualdad abstracta encarnada en la invocación retórica de democracia, como lema victorioso en el marketing político ya en sus albores en la Grecia clásica. La aceptación y la identificación se imponen como política de masas transformando el rigor procedimental de la ficción jurídica de la isonomía en un trascendente inmaculado (natural, ecológico) ante el cual toda crítica es tabú.
Esa invocación está ya en Clístenes y Pericles, en particular en su célebre y bello discurso fúnebre en honor de los caídos por Atenas. Ambos son figuras clave en la institucionalización de la democracia ateniense, ambos de origen aristocrático (Alcmeónidas), lo cual muestra hasta qué punto ser demócrata era ya casi un titulo nobiliario, que hoy puede reivindicar cualquiera, como en la Baja Edad Media ser cristiano viejo, en la Alemania nacionalsocialista, la pureza racial o en la Cataluña nacionalista, la autenticidad étnico-lingüística, histórica, estética y política. 
Precisamente, es Pericles el que aparece con Alcibíades en una escena recreada por Jenofonte, en la que estalla el problema filosófico y político clave que la democracia supone (L. CANFORA, Una profesión peligrosa. La vida cotidiana de los filósofos griegos, Barcelona, Anagrama, 2002, pp. 19-20.). Jenofonte tiene interés en salvar la reputación de Sócrates, mostrando que no fue él el maestro político de Alcibíades, motivo que influyó decisivamente en su condena en el año 399 a. C. El diálogo transcurre entre la aceptación por parte de Pericles de que cuanto emana del poder constituye ley al repliegue a posiciones que pueden prefigurar el idealismo democrático, al distinguir entre legalidad y legitimidad, asustado o escandalizado por las conclusiones que se derivan de las premisas, soñando con una fractura entre ley y violencia que, como sistematiza Spinoza, es ilusoria, metafísica o, en el mejor de los casos, un frágil artificio político impuesto él mismo por la fuerza:
“— ¿Qué es entonces la violencia [βία] y la ilegalidad [ἀνομία], Pericles? ¿No es cuando el más fuerte obliga al más débil, sin persuadirle, a hacer lo que a él le parece?
— Al menos es lo que yo creo, dijo Pericles.
— Entonces, cuantas acciones obliga a hacer un tirano, sin persuadir a los ciudadanos, ¿es ilegalidad?
— Yo creo que sí, dijo Pericles, y en ese caso retiro lo de que es ley cuanto ordena un tirano prescindiendo de la persuasión.” (JENOFONTE, Recuerdos de Sócrates, I, 2, 44.)
A continuación, Alcibíades hace la misma pregunta para los dos tipos de regímenes restantes: oligarquía y democracia. Pero, requerido acerca de éste último, Pericles se escabulle por la imprevista salida de la referencia a la afición por los sofismas del joven que es Alcibíades en ese momento y del joven que él y los de su generación fueron:
“— Entonces, lo que la multitud en pleno [τὸ πᾶν πλῆθος], ejerciendo su poder sobre los que tienen dinero, decreta [κρατοῦν] sin utilizar la persuasión, sería más violencia que ley.
— Verdaderamente, Alcibíades, dijo Pericles, también nosotros cuando teníamos tu edad éramos muy agudos en estas cuestiones, pues nos ejercitábamos haciendo sofismas como los que me parece que tú ahora estás practicando.
Dicen que Alcibíades respondió a esto:
— ¡Ojalá me hubiera relacionado contigo, Pericles, cuando estabas en la cumbre de tu agudeza!” (Ibid., I, 2, 45-46.)
La respuesta de Pericles desvela las contradicciones internas del régimen democrático y cómo pone en juego una inercia que lo hace rondar constantemente el riesgo de sucumbir en la zona gravitatoria de la metafísica, en el agujero negro del idealismo. La clave del régimen, que los protagonistas del diálogo parecen incapaces de ver, lo cual los encierra en esas aporías irresolubles, no sería tanto el número (pléthos) cuanto los mecanismos que posibilitan la participación técnica o procedimental e intelectualmente sólida (instrucción pública) de los sujetos recogidos dentro del territorio en los asuntos de la polis. Falta, acaso, el reconocimiento spinoziano de que toda ley es violencia institucionalizada y, por tanto, revestida de la cobertura retórica correspondiente. Pero ¿cómo pedirle a Pericles la distancia necesaria para ello? Platón, sin embargo, dispone de tal distancia, que el ajusticiamiento socrático materializa. La ley constituye la expresión codificada del poder y, por tanto, de la fuerza. Suponer que se puede ejercer el poder político sin legitimidad es suponer que hay ley sin legitimidad, pero ¿de dónde sale esa legitimidad? ¿De qué vaporoso territorio procede esa legitimidad por encima de la cual no hay nada y que inviste a la ley de su sagrada autoridad? ¿Qué abismo se abre entre legitimidad y ley? Si puede existir ley sin legitimidad ¿puede existir legitimidad sin ley (y poder sin dignidad)? Si lo que decide tal legitimidad es el hecho de que “emane del pueblo” (de la muchedumbre), entonces dicha legitimidad la da la cantidad, y en tal caso procedería afirmar con Borges que la democracia constituye “ese curioso abuso de la estadística”. Precisamente, Platón se sitúa críticamente frente al cinismo de cierta sofística (Calicles) y la ingenuidad del idealismo democrático (¿Pericles?). Del mismo modo que en el lenguaje, en el conocimiento, en la virtud y, antes que nada, en la constitución misma de la Filosofía, frente a la poética espiritualista, el naturalismo o corporeísmo milesio y atomista, la aritmología metafísica pitagórica y el relativismo sofista, el principio de discontinuidad de lo real o symploké precisa esa posición (ni todo está conectado con todo ni nada está conectado con nada). En la democracia, según esta analogía, ni todo depende de las decisiones de los átomos políticos, una mera ficción administrativa, es decir, de los sujetos con poder de decisión, ni todo está desconectado de ellos. Ni todo es arbitrario, ni todo es natural, espiritual o divino. La cantidad no da legitimidad, pero permite establecer un criterio de decisión político que no es enteramente arbitrario y que sólo puede entenderse en función del grado de formación técnica, académica, teórica y política de los ciudadanos. Pero la tentación es demasiado fuerte y ese mero mecanismo técnico, relativamente sencillo, de decisión política por medio de la contabilidad, acaba siendo hipostasiado como fuente trascendental de justicia y legitimidad en la figura del abstracto invocado como Pueblo, con la ventaja de reducir notablemente los puntos de fricción y resistencia al incorporar formalmente y en la forma de una teatralización litúrgica eficaz a una parte amplia de la población en la gestión del poder. Sin embargo, al mismo tiempo, ese sistema político, si el idealismo que lo anima se desboca, puede con facilidad desembocar en fases de demagogia y consecuente inestabilidad e, incluso, extinción.
La democracia ateniense, construida sobre la base de una técnica específica, la oratoria, que rige el aparato procedimental de la política determinando su contenido hasta completar su vaciado, pone en pie las condiciones materiales que habrán de consumar su corrupción y su disolución en brazos del relativismo sofista que no podía dejar de ser su consecuencia necesaria. La condena a Sócrates marca, como Platón supo ver, la deriva irrevocable de un mecanismo de poder que resplandeció efímeramente hasta sucumbir a sus propios encantos. La racionalidad, posibilitada por la apertura dialógica de la discusión pública, acabó por convertirse en sospechosa para un discurso hegemónico construido sobre un formalismo vacío ajeno a la noción de verdad y al rigor del pensamiento lógico. La manipulación retórica e ideológica domina hoy no menos que entonces a esa masa polimorfa dotada de una conciencia construida por los canales mediáticos, pomposamente denominada Pueblo, y cada vez más expuesta al magnetismo de la ausencia de concepto y argumentación por la desaparición de la instrucción pública. Pero el Pueblo no tiene existencia más que en el discurso televisado y, por tanto, demagógico del idealismo democrático o totalitario, y cuanto podemos designar con dicho término se reduce a un complejo entramado de sujetos sin más voluntad que los automatismos inerciales o sentimentales de consumo y voto, mero procedimiento de contabilidad falseado por la ley electoral e inflado (e inflamado) por la metafísica de la santa democracia:
“Tenía Brotteaux el decidido propósito de no contrariar nunca las opiniones populares, y más aún cuando se mostraban feroces y absurdas, "porque –según decía– en tales casos la voz del pueblo era la voz de Dios".”. (Anatole FRANCE, Les dieux ont soif, VI, Calmann-Lévy, 1912, pp. 74-92).
Hoy, la teledemocracia ha llevado el modelo hasta extremos grotescos que no auguran más que decadencia y desastres para una sociedad que proyecta sobre los políticos de profesión o casta sus propias miserias, las de una indigencia intelectual media y pública bajo mínimos. Si Platón veía como única posibilidad de estabilidad del Estado que gobernaran los filósofos, que desprecian el poder, o que los que gobiernan fueran filósofos y, por tanto, acabaran despreciando el poder, en la santa democracia postmoderna, la alternativa es especialmente ridícula: los tertulianos de televisión gobiernan o los que gobiernan se meten a tertulianos.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Mesa redonda sobre educación

Participación en la Mesa redonda:
dentro del 

I Congreso Internacional Symploké

Literatura, Filosofía y Teoría de la Literatura

Madrid, 17 y 18 diciembre 2015

Estado actual de la interpretación

de la Literatura y la Filosofía en España






martes, 24 de noviembre de 2015

De Atenas a Casablanca

De Atenas a Casablanca

Encuentro y reencuentro con ex-alumnos y cualquier interesado para profundizar en las cuestiones básicas de la Filosofía y disfrutar de la lectura sosegada y rigurosa y de los clásicos del cine… 
Sesión inaugural el próximo jueves 26 a las 19.00 horas en el C.E.M. Hipatia, de Rivas-Vaciamadrid, Madrid.


lunes, 16 de noviembre de 2015

Servidumbre de la filosofía. Texto en la web de José María Marco

Servidumbre de la filosofía, 

por José Sánchez Tortosa

Por  
Euclides - El Escorial
Ilustración: Zenón de Elea, Frescos de la Biblioteca de El Escorial.
“Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva, ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve ni al Estado, ni a la Iglesia, que tiene otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece o no contraría a nadie no es filosofía. Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene éste uso: denunciar la bajeza del pensamiento en todas sus formas.”
Gilles Deleuze, Nietzsche y la filosofía

¿Nació vieja la filosofía? ¿Nació herida de muerte ya en el siglo IV a. C.? Si bien se erigió institucionalmente como crítica de los mitos fundantes, fue muy pronto reducida a arcaísmo o extravagancia por la arrebatadora fuerza innovadora y demagógica de la sofística, que en no pocas ocasiones llegaba a ridiculizarla hasta apagar sus ascuas, por ejemplo, con la condena de Sócrates por la vía de presentar como sofista la batalla contra la sofística[1]. Esa pregunta parece repetirse cíclicamente. No es nueva. Pero, ¿en qué consiste esa pintoresca manía por interrogarse sobre lo dado que atraviesa los siglos? ¿Quién puede erigirse en su encarnación? Empecemos por lo que no es:


sábado, 7 de noviembre de 2015

Servidumbre de la Filosofía. Tribuna en El Mundo

TRIBUNA



Filosofía de tres a cuatro menos cuarto

El problema de la Filosofía en la educación no consiste en que haya una asignatura que tenga dos o nueve horas a la semana. El problema es que la disciplina, en su sentido más libre, no esté empapando todo el proyecto educativo



  • martes, 20 de octubre de 2015

    Presentación de Versus, con Jon Juaristi

    Presentación de Versus 

    de José Sánchez Tortosa




    con Jon Juaristi y Pablo Méndez, en el Centro Riojano, el pasado lunes día 19 de octubre de 2015.

    jueves, 27 de agosto de 2015

    Reseña de Versus en Periodista Digital

    'Versus', de José Sánchez Tortosa 

    Vicente Torres 

    Periodista Digital


    23.08.15 | 13:54. Archivado en Novedades

    Ficha técnica
    Título: Versus
    Autor: José Sánchez Tortosa
    Editorial: Vitrubio
    84 páginas
    14 euros
    El autor es filósofo, hace gala de ello y demuestra su sapiencia en varias publicaciones, y también, como lo prueban este libro y algún que otro publicado anteriormente, es poeta. 

    La enseñanza y el lenguaje trampa. Tribuna en El Mundo



    La enseñanza y el lenguaje trampa



    SEAN MACKAOUI



       
    • Ver más
    No es fácil deshacerse del peso muerto de una jerga vacua y oscurantista que empapa incluso el discurso de los que se enfrentan a ella y que acaba siendo interiorizada. Se van acotando, así, los márgenes de la mentalidad predominante, fuera de la cual sólo parece quedar espacio para el silencio.


    martes, 28 de julio de 2015

    Reseña de Versus por el profesor Jesús G. Maestro

    Poesía es Filosofía en Verso




    José Sánchez Tortosa ha publicado un libro de poemas especialmente relevante del que conviene hacer mención y lectura. Titulado Versus y publicado magníficamente por Ediciones Vitruvio, esta obra es extraordinariamente original no solo por su contenido, sino por la inteligencia poética y filosófica de su autor...





    viernes, 24 de julio de 2015

    La salvación en un tuit. Artículo en Periodista Digital

    La salvación parece jugarse hoy en un gesto, en una imagen, en la indumentaria, en un icono, en un tuit. Cambiar el nombre de una calle, alimentando la amnesia, sinónimo de ignorancia, quitar un busto, un cuadro, una corbata. Ése es el nivel de la política postmoderna actual, una falsa política secularizada, una banalización del ejercicio del poder, pero una banalización materialmente eficaz, y catastrófica.
    La secularización postmoderna general es sólo formal. Se ha producido un desplazamiento del Absoluto, pero no se ha abolido materialmente lo sagrado. La trascendencia supramundana de la divinidad de las religiones positivas ha devenido trascendencia mundana, trivial en las religiones políticas de hoy, según el diagnóstico de Eric Voegelin:
    “Cuando Dios queda eclipsado por el mundo, son los contenidos del mundo los que devienen dioses. Si se destierran los símbolos de la religiosidad supramundana, otros nuevos vienen a ocupar su lugar, a saber, símbolos desarrollados a partir del lenguaje científico intramundano.” (Las religiones políticas)
    Su inmanencia es puramente formal, ornato con el que tejer una red de creencias, concretadas en imágenes fácilmente reconocibles (empáticas), que dé salida a las convulsiones socioeconómicas de una sociedad afectada por el cambio de ciclo macroeconómico. Esa escenografía proyectada no extirpa la corrupción, verdadero combustible del sistema, sino que la justifica en virtud de una finalidad superior, de un sentido que es necesariamente trascendental, en función de una redención ulterior, mesiánica, que puede llegar a legitimar no ya el robo sistemático, sino la persecución física:
    “Históricamente, el asesinato de Dios no conlleva el superhombre, sino el asesinato del propio hombre: al deicidio de los teóricos gnósticos le sigue el homicidio de los profesionales de la revolución.” (Eric VoegelinLas religiones políticas)
    La noción de teología política, de Schmittreferente explícito del nuevo gnosticismo podemitas, del adanismo puritano que hoy recupera etiquetas añejas, abre la posibilidad de consumar la sacralización del poder de modo más acabado, totalitario, enmascarado por una ruptura que es formal, retórica y, en consecuencia, reaccionaria. Los idealismos democráticos no limpian corrupción con democracia. En su desarrollo, garantizan corrupción y fanatismo.
    La política es ficción, teatro, imagen. Se trata de dar satisfacción a masas indignadas, pero políticamente indoctastelevisando el acto simbólico, ocultando el hecho material.
    Para vacunarse, hay que volver a la filosofía, a Platón, al pasaje que una vez más citaré:
    ¿Hay modo de que la muchedumbre soporte o admita que existe lo Bello en sí, no la multiplicidad de cosas bellas, y cada cosa en sí, no cada multiplicidad?

    —Ni en lo más mínimo.
    —¿Es imposible, entonces, que la multitud [pléthos] sea filósofa?
    —Imposible.
    —Por consiguiente es forzoso que los que filosofan sean criticados por ella.
    —Forzoso.
    —Y también por aquellos individuos que se asocian con la masa y anhelan complacerla.
    (PlatónRepública, 494a).


    lunes, 20 de julio de 2015

    Trailer del documental de Héctor Muniente, Gustavo Bueno. La vuelta a la caverna

    Trailer del documental de Héctor Muniente, Gustavo Bueno. La vuelta a la caverna

    El estreno del documental será en el marco del Curso de Verano de la Universidad de La Rioja “Hombre y Cosmos” en Santo Domingo de la Calzada, el jueves 23 de julio de 2015:



    sábado, 4 de julio de 2015

    Vídeo de la lectura de Espejismos, poema en prosa del libro Versus

    Lectura de Espejismos
    poema en prosa del libro 
    Versus
    José Sánchez Tortosa, 




    Espejismos


    En la fractura de la memoria se abre paso el latigazo del espejo. Los recuerdos recubren con densidad equívoca la desnudez cristalina en la que estalla todo atisbo de sentido, toda consciencia, engaño mortecino que se aferra a los sentidos como un parásito con nombre. La imagen repetida contra el cristal simula una simetría impostada de la que el ego, ese enfermo crónico, se alimenta. Torpes amnesias instantáneas componen la persona, secuencia espasmódica de impulsos eléctricos bajo el disfraz de la identidad. Quien quiera hablar es siervo de la falacia. Y la falacia es uno mismo. La realidad cruje de pronto entre los dedos del reloj, mirado de reojo con el pánico inconsciente a ver en él la evidente verdad: Morir en cada atajo respiratorio, en cada coartada gestual, en cada pretexto orgánico, dilatar el fracaso trágico envuelto en lentejuelas, enmascarado bajo la retórica insulsa de la festividad. El reflejo continuado es una cartografía de la memoria, las heridas del tiempo tallan en el rostro la anomalía de vivir, reproducción minuciosa de artesano ciego siguiendo el contorno, las líneas, los pliegues y la decrepitud imparable que completan el mapa a la escala de rectas al infinito. Lo que se ve no es ya mirada, es tensión y artificio, es implosión recurrente, bucle molecular que enfoca una dirección y simula vida. La existencia es mera podredumbre vectorial, un escueto desvanecimiento sostenido que el olvido consagra. Ganar la nada es la única victoria a nuestro alcance.