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martes, 15 de julio de 2014

Artículo en mi blog de Periodista Digital

Equiparar a Israel con el Tercer Reich es la victoria póstuma del nacionalsocialismo. Desde luego, no resiste el más mínimo contraste con la realidad. No se obliga a los llamados palestinos a identificarse con marcas externas. No se les prohíbe ser abogados, médicos, profesores o diputados. Jamás hubo algo parecido a un partido judío admitido por el régimen de Hitler. No hay guetos. No hay campos de exterminio. Aniquilar a la población palestina es posible técnica y materialmente para Israel y, en su lugar, ataca centros de armamento y avisa con 48 horas de antelación de sus ataques, siempre en respuesta a los indiscriminados bombardeos o atentados contra población civil israelí:
"Y la trampa en la cual Israel ha evitado dejarse atrapar durante ya más de sesenta años es ésa: la de ceder a la tentación de una victoria militar fulgurante y casi gratuita. Que arrastraría una muerte moral irreversible.
Quienes amamos a Israel, lo amamos exactamente por renunciar a esa victoria. Y a esa muerte." (G. Albiac, 14-VII-14)
Los que condenan a Israel no suelen pronunciarse cuando las víctimas de los fanáticos islamistas son judíos. Ni siquiera cuando son musulmanes. Ninguna víctima musulmana reclama su atención si la autoría no es israelí. Ignorar todo esto no es delito. Pero ignorarlo y entregarse a la retórica onanista de demonizar a un Estado que defiende a su población civil por el hecho de que es judío, pues no se hace con ningún otro Estado, constituye darle la razón a Hitler:
Gustavo D. Perednik: “Si los árabes deponen las armas se acabó la guerra. Si los israelíes deponen las armas se acabó Israel.” (23-IV-07)
No es obligatorio estudiar la realidad. Tampoco lo es valorarla si se desconoce. Pero esto es mucho más fácil, más gratuito, más rentable social y psicológicamente. Por ello, muchos se entregan a ese ejercicio de superioridad moral que la ignorancia, la ceguera y los prejuicios proporcionan. Ahí se esconde la judeofobia. Ahí se esconden las nuevas formas o herencias del nazismo, no bajo un bigote ridículo o uniformes relucientes.