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martes, 15 de mayo de 2012

Reseña de HHhH en Leer




José Sánchez Tortosa


 El 20 de enero de 1942, Reinhard Heydrich se reúne en Wansee, a las afueras de Berlín, con altos mandos de la jerarquía nazi y representantes del Tercer Reich en los territorios ocupados. Ejerce de secretario de la conocida como Conferencia de Wansee Adolf Eichmann. En esa reunión se abordan aspectos administrativos de la mayor relevancia acerca de la Endlösung (Solución Final), ya en marcha desde poco después de la Operación Barbarroja. Heydrich, gobernador general del Protectorado de Bohemia y Moravia y una de las figuras claves en ese proceso, sufre un atentado en Praga el 27 de mayo del 42, la denominada Operación Antropoide. Los autores son principalmente dos paracaidistas entrenados en Londres: uno checo, Jan Kubis, y otro eslovaco, Jozef Gabcík. Varios días después Heydrich muere. Como homenaje, su nombre será el elegido, según los historiadores, para designar la operación de exterminio en los campos de la muerte en Polonia: Sobibor, Treblinka y Belzec (Aktion Reinhard), si bien Belzec ya está operando desde marzo. Entre esas dos fechas, 20 de enero del 42 y el 27 de mayo del mismo año, transcurre la acción de HHhH (Himmlers Hirn heisst Heydrich: “El cerebro de Himmler se llama Heydrich”).

Laurent Binet reconstruye hábilmente el relato del atentado empleando un intrigante formato de novela de suspense que reniega de su condición de novela y que pretende mostrarse como un ejercicio literario de historia con la menor dosis de literatura posible. Sugestivo empeño destinado al fracaso. La honestidad de renunciar a torcer literariamente una historia ya de por sí lo suficientemente fascinante y trepidante resulta, al final, casi una mera impostura… literaria. Es como si se moviera entre dos aguas: novela de espionaje con adherencias historiográficas, que acaso puedan espantar al lector de ficción, o ensayo histórico aderezado con elementos autobiográficos que se mezclan con la narración. De hecho, el libro narra a la vez cómo el propio libro se va haciendo: bibliografía, documentos, datos, avatares biográficos del autor, la marcha de sus investigaciones, sus correcciones y vacilaciones, sus escrúpulos a la hora de afirmar categóricamente algo. A diferencia de Las Benévolas, de Littell, al que cita, está teñido de cierto aire políticamente correcto, moralizante. Parece buscar dar voz a los héroes de la resistencia y a las víctimas, pero si se decide afrontar ese reto, es retórico y patético disculparse por estar haciéndolo. La tesis que Littell pone en boca del protagonista de su libro es más lúcida, más tajante, menos consoladora: ¿Qué hubiera pasado si el lector hubiera estado en una posición similar a la del protagonista? ¿Qué hubiera hecho si fuera maquinista, oficinista, enfermera en la T4 o encargado de mantenimiento de la maquinaria del exterminio?: “deberíais ser capaces de deciros que lo que yo hice lo habríais hecho también” (Las benévolas, Tocata, pág. 28).

Existe el riesgo de convertir a los personajes del nacionalsocialismo en meros iconos sobre los que proyectar condenas estériles de moralidad impostada, enfocada en sus aspectos epidérmicos, más ornamentales que sustantivos. Eso contribuye a situarse entre los buenos, respaldados por la teatralización de la indignación y la condena redundante y superflua, lo cual sólo garantiza que no se vuelva a repetir la indumentaria de los verdugos, o su terminología ideológica justificadora, pero no el asesinato. El nazismo no luce hoy esvásticas.

Laurent Binet, HHhH, Círculo de Lectores, Madrid, 2011, trad.: Adolfo García Ortega, 391 págs.

Madrid, 22 marzo 2012


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